11.5.26

Escribir un bosque

Escribo como quien lentamente se adentra en un bosque lleno de animales desconocidos, matorrales, pinos y más pinos, troncos caídos llenos de musgo y hongos, y avanzo, aunque no pueda ver por dónde voy, porque confío, porque sé que es aquí adonde pertenezco. Y si me detengo y me recuesto entre la hierba, sé que de mis partes muertas algo crecerá. Por eso me quedo. Por eso sigo. En este bosque que existe en mi interior, que incansablemente camino, todo puede ponerse muy oscuro a veces, pero sé que, mientras escriba, nunca nada muere para siempre.

Natalia Sol Peralta


Ph. Natalia Sol Peralta. El Pinar, San Juan.

25.1.26

Stay wild


     《 permanece salvaje

Amo este lema. Y me encanta que en inglés la palabra "wild" (salvaje) tiene significados más amplios que en español.

Ser salvaje está ligado a un espíritu y un cuerpo conectados a la naturaleza.

Ser salvaje es sinónimo de autenticidad.

Ser salvaje es otra forma de llamarse libre.

Para mí, ser salvaje es cuidar y honrar mi espíritu animal y mi naturaleza, en el sentido de permitirme ser como soy sin taparme (ya saben: sin teñirme, sin maquillarme, sin pintarme las uñas, vistiéndome cómoda, etc.) Llevo ese activismo en el cuerpo, en carne viva.

En el último tiempo, estoy intentando trasladar esa autenticidad y naturalidad a otros planos, dejando salir mi neurodivergencia, respetándola (y haciéndola respetar). Cuesta un poco más, pero me he prometido ir soltando poco a poco el camuflaje social y ser más coherente conmigo y mis necesidades.

"Stay wild" podría perfectamente ser la frase de cabecera de cualquier acuariano, y sí, heme aquí siendo también la alienígena del zodíaco.

Definitivamente no estoy echa para este sistema, nací mirando en la dirección contraria a la que miran todos, con gustos e intereses distintos, y con un cerebro que funciona diferente.

Me cansé de sobreadaptarme.

Y sé muy bien que quien va a contracorriente incomoda, pero si lucho para ir en la dirección que sería la "normal" me quedo en un punto muerto.

Voy a empezar a ir en mi dirección, aunque sólo sean cuatro o cinco personas las que me acompañen.

Si ya me veían rara, voy a estar más rara, pero seré más yo, que es lo importante; e iré a mi propio ritmo.

"Todo lo bueno es libre y salvaje", dice mi querido amigo naturalista Henry D. Thoreau en su ensayo Caminar.

Y yo quiero todo lo bueno.
Lo bueno de verdad.

Natalia Sol Peralta

15.12.25

El desierto

En el último tiempo se me han aparecido visiones filosóficas y poéticas muy interesantes acerca del desierto. Esta de Paul Shepard que comparto en el carrusel, entre las fotos, es la que más reflexiva me dejó. Me hizo pensar en Rimbaud cuando abandonó la poesía para internarse en el desierto de Etiopía hasta hacerse parte de él, pasó años buscando allí una verdad, quizás como el acto más poético de toda su vida.

Siempre supe que, aunque en su inicio pareció más azarosa la geografía a la que me vine a vivir (la pulsión primaria fue otra) no fue igualmente casual haber arribado a San Juan. Creo en las causalidades. Luego se fueron abriendo cuestiones de linaje familiar. Y en el último tiempo estoy entendiendo que algo muy importante tengo que aprender de acá (más todavía) antes de seguir otros caminos.

Thoreau dice que el ser humano es la única especie capaz de adaptarse a todos los climas, y con cuánta razón. Los primeros años me desesperaba enormemente el calor y hoy, un día de 30° o 31°, pienso que la temperatura "está linda".

Y descubrí que, aunque soy una persona con una fascinación inmensa (e intensa) por los bosques, los paisajes desérticos también me cautivan e hipnotizan. La paleta de colores de la aridez desplegándose sobre un lienzo que aparenta no tener bordes de pronto parece ensanchar la amplitud de mi espíritu y desdibujarme los límites mentales. No me entra en razón semejante amplitud.

Y el sol en el cenit borrando todo rastro de sombra posible. Alguien que venía de los pozos más oscuros se encontró con un sol abrasador en un paisaje que no da posibilidad de huída. Quizás es lo que necesitaba.

Voy a intentar quejarme menos del calor y aplicar más actitud estoica este verano. Voy a montarme a esta poética como a un camello y dejarme llevar hasta cruzar toda la vastedad del desierto. Y seguramente también voy a beber de cada uno de los oasis que encuentre, aunque sean espejismos. A veces, para llegar a algunas verdades, primero hay que atravesar la fantasía. Y lo más probable es que el desierto sea eso.

Natalia Sol Peralta

Ph. Natalia Sol Peralta. Mogna, San Juan.

13.6.25

Tiempo

La poesía necesita tiempo,
requiere reloj de caracol,
recorrido sereno y caparazón,
capacidad de intro-verterse,
habitar, contemplar y narrarse.

Hace un par de siestas
me quedé observando el reloj
de la vieja estación de tren
(retirada ya de su oficio).


Siempre son las 11:17

¿Antes del meridiano o pasadas de él?
¿Se detuvo cerca de un mediodía
o de una medianoche?
¿Se detuvo o lo detuvieron?
¿Sucedió en simultáneo
al detrimento de la estación?
¿Está realmente detenido
o son unas 11:17 eternas, un minuto
extendido, vasto y perdido en el espacio?
¿Cuántas vueltas habrán dado
esas agujas ahora tiesas?
¿Cuál habrá sido la escena última
que el artefacto atestiguó?

---

Si ven que demoro
en responder mensajes
o me cruzan por ahí
completamente abstraída
y acaracolada,
es que estoy pensando
en estas cosas
o las estoy escribiendo.

Es que escribir no es más que eso,
detenerse en el tiempo
para hacerlo imperecedero.

Natalia Sol Peralta

Ph. Natalia Sol Peralta. San Juan.

7.11.24

La luz y la oscuridad

La luz
y la oscuridad
de un lado
y del otro
me tironean,
me llaman
desde cada uno
de sus polos
y yo en el medio
estiro los brazos,
tomo una, tomo otra,
tomo una, tomo otra
y las quiero soltar
pero no me sueltan
ni de un lado
ni del otro,
me marean,
una me enceguece,
la otra me ensombrece,
camino
en la línea divisoria
con un pie de un lado
y otro pie del otro,
mi ser no sabe
transitar un solo lugar,
se me bifurca
entre el antagonismo
y el complemento,
es como amar la arena
pero ser a la vez
íntima amiga del viento.

Natalia Sol Peralta

Ph. Natalia Sol Peralta

11.9.24

El silencio de los solitarios

Revisé mis diarios y me di cuenta de que siempre es lo mismo: hacerme pequeña para no molestar, no hablar para no incomodar, escribir para no gritar. Lo curioso es que al común de las personas les da más miedo el silencio que un grito, prefieren perderse en una abundancia insignificante antes que habitar el vacío, en cualquier hueco sordo del tiempo la necesidad siempre es de hablar y casi nunca de callar.

De chiquita me enseñaron a no molestar y lo aprendí muy bien, era como una pequeña monjita zen que deambulaba taciturna por la casa. De algún modo sigo siendo aquella niña que sabe entretenerse sola. Lo paradójico es que, en un paralelismo con aquel aprendizaje, de adulta entendí que lo que perturba al otro es todo lo inverso, lo que molesta es la ausencia de ruido, el andar lento en una sociedad apurada, el detenimiento dentro del mandato activo, elegir la paz por sobre el bullicio, la soledad sobre el gentío, el no hacer sobre el hacer, ese acto contemplativo que me conduce a la poesía y que en realidad para mí es tanto.

Y así y todo a veces no sé qué hacer con un silencio que molesta. ¿Puede acaso hacerse uno más silencioso que el silencio? ¿Hasta qué punto puede reducirse una presencia? Pienso en un pantano quieto que alberga una criatura en sus profundidades, un manto verde musgo donde el sol resplandece pero en su hondura es hogar de un monstruo que nunca ve la luz. Apenas si pudo asomar una vez sus garras pero nadie quiso agarrarlas y su propio cuerpo como un ancla lo hundió cada vez más.

Tantas criaturas invisibles habitan el silencio de los solitarios, todas marchan detrás de ellos sin molestar a nadie, se hacen pequeñitas como pececitos de colores imperceptibles. Hay monstruos que no molestan, pero ¡ay, cuánto pesan sus invisibilidades! 


Natalia Sol Peralta 

Ph. Natalia Sol Peralta. Agua Negra, Jáchal. San Juan.

7.10.23

Huachuma

Hace un octubre atrás, un rinconcito sagrado entre los cerros de Pie de Palo me recibía para bendecirme con un encuentro mágico: beber la medicina de la Tierra, de una planta de poder. La savia amarga del San Pedro entró a mi cuerpo para llenarme de claridad y dulzura. Durante esta ceremonia yo tuve un viaje hermoso, muy pacífico, lleno de figuras ancestrales que tomaban vida, de voces que me susurraron verdades directo al corazón, colores, muchos colores vibrantes y una paz que parecía retornar desde tiempos remotos. 

Fue una noche de Luna llena donde una lechuza, mi animal de poder, abrió sus ojos y sus alas gigantes en mí. Me sentí muy anciana y también me sentí eterna. Un gran fuego de hoguera perfecto coronó la noche, bajando su intensidad con la frescura del amanecer, donde algunos cóndores revolotearon cerca observando y cuidando a la tribu. A partir de ahí, inicié un período de transformación profunda del que nadie más que yo sabe lo arduo, doloroso y poderoso que fue ese proceso. La energía sagrada de la Huachuma siguió corriendo por mis venas todo el año que siguió, su sabiduría manejó mis pasos para posicionarme hoy en un nuevo hogar donde cada mañana veo, desde la ventana de mi habitación, al amanecer levantándose sobre el cordón de cerros de Pie de Palo. Aunque el trayecto hasta acá se me hizo largo y difícil de transitar, cada mañana el abuelito Pie de Palo me recuerda que todo se dio en tiempos perfectos y que hoy estoy donde tenía que estar. Volví a mi esencia, me siento en casa y en paz. Celebro este aniversario de cara a este gran Maestro. La medicina de la Tierra me sigue recorriendo y siento un fueguito sagrado chispeando que aviva sus llamas en mi interior.

- Todavía queda mucho por vivir y compartir - me dicen el fuego y la montaña. Y yo les sonrío amorosa con alivio y emoción.

Natalia Sol Peralta

Ph. Natalia Sol Peralta. Pie de Palo, San Juan.

20.8.23

10 años en San Juan

Hoy cumplo diez años de vida en San Juan. Un número que se me hace algo irreal. A veces todavía me siento como recién llegada a la provincia, otras veces siento como si apenas hubieran pasado unos pocos años y otras veces me sorprende ya tener “viejas etapas” acá, todo lo que he vivido. Me mudé cinco veces y en cualquier momento viene la sexta mudanza. Tuve amores que han sido muy importantes en mi vida. Estudié astrología, aprendí a encuadernar, hacer cerámica, hice los tres años de lengua de señas en la facu y varios talleres de escritura. Me compré un ukelele y aprendí a tocarlo. Pasé por varios trabajos e incluso cumplí el sueño de atender una librería. Publiqué dos libros; Lírica de viaje y Diáfana. Reedité profesionalmente Luminiscencia, mi primer poemario. Llené muchos, muchos cuadernos. Y los sigo llenando. Me inicié en el mundo de las ferias. Aprendí a armar carpas y hacer fuego. Transité tres duelos lejos de mi gente, el de mi mamá y los de mis dos abuelas. Pasé acá la pandemia. Viví un terremoto en el que literalmente temí por mi vida. Se iniciaron amistades, terminaron amistades y otras felizmente se mantienen en el tiempo. Conocí montón de lugares de naturaleza pura y hermosa y, obvio, el famoso Valle de la Luna. Superé el miedo a las abejas y a los caballos. Y cambié yo, cambié mucho, desde profundas transformaciones internas hasta mi forma de hablar. Ya me sale espontáneamente el “niiiño” y creo que no me lo saco más.
Aunque mucha gente se ha quedado con mi vieja versión, puedo asegurar que ya no soy la misma. Me cambió el estilo de vida, me cambió el entorno, me cambió el paisaje, y todos los duelos que pasé me cambiaron, los de afuera y los de adentro.
San Juan no era una meta de vida para mí, pero sí lo era dejar la ciudad de Buenos Aires y, siempre abierta y atenta a las señales, el destino me sorprendió y me trajo acá. Por supuesto que acompañado de una decisión consciente dentro de mi libre albedrío.
Amo la provincia de San Juan, amo todo lo que me ha dado (y también sacado), amo la paz que siento cuando camino sus calles y amo estar siempre abrazadita por sus cerros. Gracias, San Juan, una y mil veces gracias.

Natalia Sol Peralta

10.4.23

La inteligencia de la loba

 

Corre.
Corre con mujeres que corren con ella.
Corre con otras lobas.
Se detiene.
Se sienta sobre sus patas traseras
y aúlla.
La luna está negra
pero aúlla hacia esa sombra
porque extraña la luz.
Sus patas se hunden en la tierra húmeda
y percibe en ellas temblores,
cercanas erupciones de volcanes
que se avecinan.
La vía láctea chispea en sus ojos
rojos nocturnos como lava burbujeante.
Sus bigotes intuyen otras galaxias.
Esta loba mientras duermo
me mira desde los pies de la cama.
Me dice
que ya no es necesario correr
pero sí dar un gran salto,
que allí donde veo un pozo profundo
hay un bosque esperándome.
Otras veces
siento el rústico calor de su pelaje
entre mis piernas.
Y en el entresueño me confundo.
Esos pelos, esas patas, esos bigotes,
esos ojos de vigilia interminable
parecen ser yo misma, rescatándome.

Natalia Sol Peralta

8.3.22

Ancestras

Tantas veces siento
que escribo para hacer palabras
el silencio de mi linaje
al que no dejaron expresarse,

que mis pies caminan
por las que dejaron sus vidas
adentro de los hogares,

que vine a romper las cadenas
de las que obedecieron mandatos
familiares y sociales.

No vine a sembrar flores,
vine a remover la tierra,
porque ellas plantaron sueños,
yo soy germen y cosecha.

Natalia Sol Peralta

3.2.22

Regresar

Camina por el bosque de la vida como loba, como asceta, eremita, como mujer medicina, como sacerdotisa, subversiva, loca, sabia, libre.


De vuelta sola en su soledad, hermosa redundancia.

De vuelta en paz con su quietud.

Se ensambla a la música del murmullo vespertino.

Su pluma es unidad con la noche.


Hoy se siente bien con ella misma otra vez. 

Volvió a aterrizar en el cálido hogar de su interior.

Natalia Sol Peralta
Ph. Natalia Sol Peralta

15.6.21

Insomnia

Cómplice irrecusable de mí misma,
me hablo y a veces en voz alta,
muerdo la carne de mis dedos,
de mis yemas encalladas
que presionan notas en diapasones,
las izquierdas, las derechas pulsan letras.
Pierdo mi vista en los rincones,
en las paredes blancas, en los adornos,
encuentro la ventana y me escapo,
el cielo lejano siempre fue
un buen sostén para mis ojos.
Los sahumerios me humean el pelo,
las fosas nasales, la piel, la ropa,
los prendo y apago como cigarros espirituales.
La noche avanza, mis ojos cansados
detienen al fin su deambular,
pero mi mente peregrina,
viajera de pensamientos y cavilaciones,
exploradora de dimensiones abstractas,
exiliada de mis intenciones,
no quiere detener su marcha hoy
y me desafía, irredenta, el descanso. 

Natalia Sol Peralta

5.5.21

Helada


Hay viento esta madrugada,
el frío quiere alcanzar mis huesos,
le digo que no puede,
que adentro ardo de vida,
lo dejo hacer lo que quiera con mi piel,
rozarla, estremecerla, erizarla, 
si total 
soy un juguete del tiempo,
pero adentro no,
en mi alma mora la llama de lo eterno,
afuera el frío en la imposibilidad
de penetrar mi coraza,
adentro soy soberana del fuego.

Natalia Sol Peralta

22.1.21

Parsimonia


Dejo pasar lenta la tarde,
hago largos los mates,
mi mirada sube y baja
entro los libros y el paisaje,
las oraciones se extienden
hasta el horizonte, los versos
sobrevuelan los cerros,
las nubes jaspeadas 
se van ensombreciendo
mientras decrecen los ruidos
de la labor humana.
Las torcazas se acomodan
en sus nidos, los horneros
se cobijan en sus altos ranchos.
Un hilo rojo a lo lejos
anuncia la noche inminente.

Y conmigo el silencio,
aquí con la poesía al hombro,
los pies en las sombras
y el alma esparcida toda
entre musas, cielos y esteras.

Natalia Sol Peralta


11.1.21

¿Qué entendemos por amor?


¿Qué entendemos por amor? Es interesante hacerse esta pregunta. Y más aún, ¿qué entendemos por poemas de amor? Muchas personas creen que yo no escribo poemas de amor, y yo creo todo lo contrario. Siento que hoy escribo más poemas de amor que antes, porque escribo poemas de amor a la vida, de amor a la tierra, de amor al cosmos, de amor al andar, de amor a los cambios, de amor a animarse, de amor a uno mismo, de amor a la alegría, de amor a la tristeza, de amor a crecer, de amor a la espiritualidad, de amor al arte, de amor a la poesía, y podría seguir con la lista.

Es importante que podamos extender el concepto de amor mucho más allá de un otro, del amor de pareja (que también es maravilloso, pero no el centro y conclusión de toda la existencia del amor). El amor (y la poesía de amor) no se reduce a una sola persona sino más bien se amplifica a absolutamente todo lo que amamos.

Natalia Sol Peralta

21.12.20

Noche de poetas


La poesía como tópico,

la poesía como bebida,

como alimento,

tangible en la saliva,

en la voz, en las pupilas,

visible en lo invisible,

almas como humo

condensando el ambiente;

la poesía como cadena

que une, que arrastramos

los reos del universo,

ladrones de estrellas,

asesinos del lenguaje,

comprendidos

e incomprendidos

entre nosotros mismos,

como una comunidad

repleta de celdas, de estilos,

de géneros inventados,

pero una comunidad al fin;

la poesía como delito,

la poesía como cárcel,

la poesía como redención

la poesía como libertad.

 

Natalia Sol Peralta


18.12.20

Ahí arriba



Hay una vida ahí arriba

en la copa de los árboles,

una comunidad

de pájaros e insectos,

una red de ramas y frutos,

de savia, de hojas al viento.

 

Hay una vida ahí arriba

que linda con la brisa,

con los huracanes, las nubes,

que recibe la lluvia primero,

que está más cercana

a todas las constelaciones.

 



Acoge los soles de mañana,

despide a los atardeceres,

se funde con la oscura noche.

 

Hay una vida ahí arriba

y yo haciendo vida aquí abajo

pero sintiéndome más parte

de todo ese arriba.

 

Natalia Sol Peralta


2.12.20

El vendaval del alba


Así le llamo. Todas las madrugadas, entre las cinco y las seis de la mañana, sopla un ventarrón fuertísimo en San Juan. A veces mi insomnio me hace recién estar durmiéndome por esas horas, otras veces el sonido me despierta. Y entredormida sonrío. Cuando el viento bufa salvaje yo me lleno de calma. El viento balancea mi alma y la lleva a remotos lugares silvestres, a los hogares naturales de mi espíritu. Empiezan también a esa hora a cantar todas las aves con gran ímpetu. Una anuncia el despertar a viva voz (o a vivo pío) y se van sumando al canto el resto de los pájaros. Ese animoso trinar es la dulce orquestación de la aurora. Es la tierra que por este lado del orbe comienza la sinfonía de un nuevo día. Gustaría también comenzar mis jornadas a esa hora, con la primera luz del amanecer, pero es que también soy un ser nocturno y no es innato en mí el madrugar, entonces mi deleite sucede en esa línea de luz y sonido donde la noche y el día se saludan. Y yo escucho ese saludo y desde mi almohada les sonrío.

Natalia Sol Peralta



16.11.20

Ver
















Recovecos de naturaleza,
lo magnánimo yaciendo en lo simple,
mis pies me llevan por senderos comunes
pero mis ojos ven más allá,
veo ríos y selvas en un parque,
la flor silvestre me habla de bosques
y la humedad me canta sobre mares y ciénagas.

Natalia Sol Peralta

Ph. Natalia Sol Peralta
Provincia de San Juan, Argentina.

13.11.20

Nacimiento de un poema

Una mañana me desperté con esta pregunta: “¿Qué son esos frágiles espejos que me circundan?” Dormité un rato con la pregunta dándome vueltas. Me levanté. Mientras me lavaba la cara se seguía repitiendo… “¿Qué son esos frágiles espejos que me circundan?” Y así, media dormida aún, me senté al escritorio, tomé el cuaderno y me dije -A ver cómo continúa esto…- Y el resto vino solo, a través de los sueños, quizás a través de los espejos, cruzando la mañana, las palabras se golpearon en la hoja haciéndose visibles. Así es cómo muchas veces nace un poema, de palabras que se desprenden de planos de ensueños, de dimensiones vidriadas de mi inconsciente a las que sólo accedo gracias a un papel y una lapicera. Sin ellos, lo más probable es que esa pregunta se hubiera perdido en la nada.


Natalia Sol Peralta