requiere reloj de caracol,
recorrido sereno y caparazón,
capacidad de intro-verterse,
habitar, contemplar y narrarse.
Hace un par de siestas
me quedé observando el reloj
de la vieja estación de tren
(retirada ya de su oficio).
Siempre son las 11:17
¿Antes del meridiano o pasadas de él?
¿Se detuvo cerca de un mediodía
o de una medianoche?
¿Se detuvo o lo detuvieron?
¿Sucedió en simultáneo
al detrimento de la estación?
¿Está realmente detenido
o son unas 11:17 eternas, un minuto
extendido, vasto y perdido en el espacio?
¿Cuántas vueltas habrán dado
esas agujas ahora tiesas?
¿Cuál habrá sido la escena última
que el artefacto atestiguó?
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Si ven que demoro
en responder mensajes
o me cruzan por ahí
completamente abstraída
y acaracolada,
es que estoy pensando
en estas cosas
o las estoy escribiendo.
Es que escribir no es más que eso,
detenerse en el tiempo
para hacerlo imperecedero.
Natalia Sol Peralta
Ph. Natalia Sol Peralta. San Juan.

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