Siempre supe que, aunque en su inicio pareció más azarosa la geografía a la que me vine a vivir (la pulsión primaria fue otra) no fue igualmente casual haber arribado a San Juan. Creo en las causalidades. Luego se fueron abriendo cuestiones de linaje familiar. Y en el último tiempo estoy entendiendo que algo muy importante tengo que aprender de acá (más todavía) antes de seguir otros caminos.
Thoreau dice que el ser humano es la única especie capaz de adaptarse a todos los climas, y con cuánta razón. Los primeros años me desesperaba enormemente el calor y hoy, un día de 30° o 31°, pienso que la temperatura "está linda".
Y descubrí que, aunque soy una persona con una fascinación inmensa (e intensa) por los bosques, los paisajes desérticos también me cautivan e hipnotizan. La paleta de colores de la aridez desplegándose sobre un lienzo que aparenta no tener bordes de pronto parece ensanchar la amplitud de mi espíritu y desdibujarme los límites mentales. No me entra en razón semejante amplitud.
Y el sol en el cenit borrando todo rastro de sombra posible. Alguien que venía de los pozos más oscuros se encontró con un sol abrasador en un paisaje que no da posibilidad de huída. Quizás es lo que necesitaba.
Voy a intentar quejarme menos del calor y aplicar más actitud estoica este verano. Voy a montarme a esta poética como a un camello y dejarme llevar hasta cruzar toda la vastedad del desierto. Y seguramente también voy a beber de cada uno de los oasis que encuentre, aunque sean espejismos. A veces, para llegar a algunas verdades, primero hay que atravesar la fantasía. Y lo más probable es que el desierto sea eso.
Natalia Sol Peralta
Ph. Natalia Sol Peralta. Mogna, San Juan.

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