20.8.23

10 años en San Juan

Hoy cumplo diez años de vida en San Juan. Un número que se me hace algo irreal. A veces todavía me siento como recién llegada a la provincia, otras veces siento como si apenas hubieran pasado unos pocos años y otras veces me sorprende ya tener “viejas etapas” acá, todo lo que he vivido. Me mudé cinco veces y en cualquier momento viene la sexta mudanza. Tuve amores que han sido muy importantes en mi vida. Estudié astrología, aprendí a encuadernar, hacer cerámica, hice los tres años de lengua de señas en la facu y varios talleres de escritura. Me compré un ukelele y aprendí a tocarlo. Pasé por varios trabajos e incluso cumplí el sueño de atender una librería. Publiqué dos libros; Lírica de viaje y Diáfana. Reedité profesionalmente Luminiscencia, mi primer poemario. Llené muchos, muchos cuadernos. Y los sigo llenando. Me inicié en el mundo de las ferias. Aprendí a armar carpas y hacer fuego. Transité tres duelos lejos de mi gente, el de mi mamá y los de mis dos abuelas. Pasé acá la pandemia. Viví un terremoto en el que literalmente temí por mi vida. Se iniciaron amistades, terminaron amistades y otras felizmente se mantienen en el tiempo. Conocí montón de lugares de naturaleza pura y hermosa y, obvio, el famoso Valle de la Luna. Superé el miedo a las abejas y a los caballos. Y cambié yo, cambié mucho, desde profundas transformaciones internas hasta mi forma de hablar. Ya me sale espontáneamente el “niiiño” y creo que no me lo saco más.
Aunque mucha gente se ha quedado con mi vieja versión, puedo asegurar que ya no soy la misma. Me cambió el estilo de vida, me cambió el entorno, me cambió el paisaje, y todos los duelos que pasé me cambiaron, los de afuera y los de adentro.
San Juan no era una meta de vida para mí, pero sí lo era dejar la ciudad de Buenos Aires y, siempre abierta y atenta a las señales, el destino me sorprendió y me trajo acá. Por supuesto que acompañado de una decisión consciente dentro de mi libre albedrío.
Amo la provincia de San Juan, amo todo lo que me ha dado (y también sacado), amo la paz que siento cuando camino sus calles y amo estar siempre abrazadita por sus cerros. Gracias, San Juan, una y mil veces gracias.

Natalia Sol Peralta